Rol del Obispo 

Buenos Pastores que Enseñan, Santifican y Gobiernan

Los Obispos, como sucesores a los doce apóstoles originales, son llamados a compartir en la misión que Jesucristo mismo confió a ese primer grupo de doce amigos especiales quienes luego fueron testigos de Su resurrección. Esta misión, la cual los obispos reciben de Cristo mismo, es una de tres partes la cual tiene como meta obtener la salvación y el cumplimiento de los mandamientos por todos aquellos quienes le fueron confiados bajo su cuidado. En el párrafo 11 de Christus Dominus, el decreto del Segundo Concilio del Vaticano concerniente al Oficio Pastoral de los Obispos en la Iglesia, los padres del concilio nos recuerdan que: "Los obispos individuales a quienes se le ha confiado el cuidado de una iglesia en particular – bajo la autoridad del Supremo Pontífice – alimentan las ovejas en el nombre del Señor como sus propios pastores ordinarios e inmediatos, ejerciendo para ellos el oficio de enseñar, santificar, y gobernar".

El Oficio de Enseñar

Cada Obispo lleva la misión de los apóstoles por ser los primeros testigos del Cristo resucitado en su diócesis. Ellos son profetas de los tiempos modernos, heraldos de fe. Ellos cumplen con el mandato bíblico de "enseñar a todas las naciones y predicar el evangelio a cada criatura." Este proceso, también conocido como evangelización, es el compartir explícitamente la verdad y el amor de Cristo con otros. Aunque se hace primordialmente a través de la predicación, enseñanza y catecismo de cada Obispo en su diócesis, también se expresa en otras maneras. Los obispos también predican y enseñan por los varios actos de caridad llevados a cabo en su diócesis. Se alimenta a los hambrientos, se les da de tomar a los que tienen sed, se les da ropa a los que no tienen y se visitan y atienden los enfermos y los presos. Todo esto “alcanzando con el evangelio”, y no solo atendiendo a los que llegan a cada parroquia, es parte de la responsabilidad de los Obispos de ser un conducto de la verdad y el amor de Cristo.

El Oficio de Santificación del Obispo

Por la proclamación de la verdad de Jesucristo el Obispo dirige a la comunidad hacia la adoración a Dios en agradecimiento y amor. El Obispo, como uno que está marcado con la plenitud de los sacramentos ordenados, es un ministro de gracia y al celebrar los sacramentos en la comunidad el cumple con el oficio de santificación, haciéndonos uno con Dios. Esto es hecho primordialmente al ofrecer el Sacrificio de la Eucaristía, la Misa, donde entramos en verdadera comunión a través de, con y en Cristo nuestro Señor. Por esto una de las tareas del Obispo es de asegurarse de que se celebre la Misa, propia y regularmente, a través de la diócesis. A través de la Eucaristía la Iglesia se convierte en lo que consume, el cuerpo de Cristo. Los Obispos son nuestros ministros de primordiales de los sacramentos. A través de la celebración fiel de estos y todos los demás sacramentos el Obispo se asegura de que todos en la diócesis tienen un encuentro transformador con Cristo que nos fortalece para las muchas responsabilidades que tenemos. Este camino de santificación, primero vivido y luego compartido por cada Obispo, dirige la comunidad de fe a un mayor amor y servicio en Cristo.

El Oficio de Gobernar del Obispo

El Segundo Concilio del Vaticano, en el párrafo 27 de la Constitución de la Iglesia, sostiene: "Los Obispos, como vicarios y embajadores de Cristo, gobiernan las Iglesias en particular que les han sido confiadas por su consejo, exhortan, dan ejemplo, y aún por su autoridad y poder sagrado, el cual verdaderamente usan solo para la edificación de su redil en verdad y santidad, recordando que aquel que es más grande se debe hacer el más pequeño y aquel que es amo se debe hacer como siervo (cf. Lucas 22:26-27)". Los Obispos, específicamente aquellos a cargo de una diócesis, reciben autoridad para utilizarla en la edificación y fortalecimiento de la Iglesia local.

La autoridad les es dada no para el propósito de destrucción pero para edificar la comunidad de fe. La autoridad y el poder que viene con ella no es para que se les valla a su cabeza pero para que sea una herramienta que les guie a un mayor servicio en humildad y amor. Al gobernar su diócesis deben convertirse en un reflejo de Cristo el siervo.

"sea el mayor entre vosotros como el más joven, y el que dirige, como el que sirve" - Lucas 22:26

"y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos. Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos." - Marcos 10:44-45

Conclusión

En verdad creo que cada Obispo es un regalo de Dios para la comunidad. Demos gracias a Dios por estos maravillosos regalos abrazando a nuestros Obispo y haciéndonos con ellos un cuerpo con un corazón y una mente, la de Cristo mismo. Recordemos que cada obispo, al cumplir con los varios oficios y tareas que se le han confiado, se convierten de verdad en un reflejo y conducto de la verdad y amor de Cristo. Ellos son nuestros buenos pastores que nos enseñan, nos santifican y nos gobiernan en y a través de Cristo nuestro Señor y Salvador. Oremos por ellos frecuentemente.